sábado, 12 de enero de 2008

Amén.


Perdóname Padre, por que he pecado... Vera Usted, hace años que no voy a la misa y no soy una buena cristiana. Si le digo la verdad he perdido toda la Fe en Dios.
Esta noche he tenido la oportunidad de meditar, me he pasado toda la noche reflexionando sobre mi vida y lo que he hecho con ella.

Padre, me he conducido en un camino tenebroso y peligroso. Estoy muy alejada de la mano de Dios. Me pregunté porque Dios me abandonó, pero en realidad fui yo. Abandoné el camino del amor y la salvación y también me abandoné a mi misma. Me siento avergonzada.Nada de lo que he podido hacer ha mejorado mi vida, más bien por mi conducta pecaminosa me pierdo y pierdo todo a lo que amo. He intentado cambiar, en serio. Quiero tener una vida sana, honesta, sencilla y con tele por cable como los demás. Pero ser normal no me sale, perdonarme Usted, siempre me dejo caer en la tentación, así es más fácil librarse de ella.



Hoy ha sido fácil llorar, soy la máxima responsable de mis desdichas y penas, y seguramente también para muchos queridos míos. En otros tiempos fui una chica encantadora, pero esta noche me he visto como un monstruo, Padre, por ese motivo estoy aquí confesándome e intentando buscar lo que perdí hace tiempo.
Se que no volverá, se que aquel sentimiento tan confortante murió hace tiempo, lo mate yo misma. Deje que se lo explique...



De pequeña encontraba en Dios lo que ahora busco en los hombres. Era toda mi esperanza y confiaba en él. De pequeña fui muy devota, aunque ahora cueste creerlo. Me gustaba ver una y otra vez ,aquella película tan antigua, Los 10 Mandamientos que mi padre me regaló, y si lo confieso, aun disfruto viéndola. Ya con 8 años, me despertaba bien tempano y me ponía mi único vestido que tenía, era blanco, y con lazos rosas en los hombros, me encantaba aquel vestido y por ello lo guardaba exclusivamente para ir cada domingo a misa. Recuerdo que iba sola, jamás fui con mis padres, eramos una familia unida, pero a nuestra manera. Mi padre me daba 250 pesetas a la semana si era buena niña cuando el estuviera ausente, me lo gastaba todo en lapices de colores o en chucherías, pero siempre guardaba algo para la recolectas de los domingos. Ahora que pienso, era una época muy feliz de mi vida. Comencé a leerme una adaptación de la biblia para niños pequeños, recuerdo que me entusiasmaba hacerlo, ya era muy curiosa de pequeña, y todo era una realidad mágica.



No recuerdo por que abandoné a Dios, acudía a él cuando me desesperaba y a apunto de llorar, era una niña, y encontraba la solución en él. Le suplicaba que me perdonará y que seria buena, que ayudaría más en casa y le hacia mil promesas más. Realmente creía en él. Me sentía amada por él.



Yo crecí, y mi devoción se la dediqué a la lujuria y a la mala vida. Seguro que he decepcionado a mi Dios, aquel que tanto amor sentía. Con Dios me sentía a salvo. Fue mi primer gran amor.



Ahora me doy cuenta.



Llegó un segundo amor con el tiempo, pero este se fue. Era hijo de Adán. Entregué cuerpo y alma sin estar casada. Fui una mala compañera y el me abandonó relativamente hace poco. Tuve Fe.
Le adoraba como adoré a mi primer gran amor. Me encontraba en paz y a salvo. Y también me perdonó mil y una veces y soportó aquellas promesas que bien ya prometía de pequeña.



Meditándolo, llegué a la conclusión que no necesito de nada más que salvación. Pero vivo en el pecado y no encuentro a nadie que me perdone. ¿Dios me podrá perdonar? Deseo creer otra vez en Él, depositar mis ultimas esperanzas en su salvación y llenar aquel vacío tan inmenso.